¿De quién dependes?... ¿De ti, de los demás o de Dios?
Son seis hermanos, el mayor de ellos inválido. Desde que
tuvieron razón de ser, viven bajo la carpa de un circo. Han compartido por
igual momentos felices e instantes tristes. Se identifican con la emoción de
las gentes cuando el
espectáculo llega a una ciudad o polvoriento pueblecito. El
acto principal:
forman una pirámide humana y caminan sobre la cuerda floja,
en una peligrosísima demostración que nadie jamás ha intentado. Alguien dijo
alguna vez que estos artistas centroamericanos son suicidas.
“Caer al vacío significa morir o quedar sometido a la
parálisis para siempre,
como mi hermano mayor” relató una de las chicas
equilibristas a un programa de la cadena de televisión AXN.
Cuando los artistas aparecen en escena, la mayoría de los
espectadores se dejan embargar por la tensión, sudan frío y aguantan la
respiración. Un paso en falso, un movimiento errado o una distracción, puede
constarle la vida a estos cinco hermanos.
Ellos dependen del
equilibrio, de la coordinación de los
movimientos y de una acertada tensión aplicada a la cuerda sobre la que se
desplazan.
Y usted ¿De quién depende?
Ahora traslade esta imagen gráfica a su vida persona. Cuando
usted camina por la “cuerda floja” de la
vida, en aquellos momentos de crisis personal, emocional o espirituales difíciles de describir, ¿De
quién depende?,¿De Dios o de los hombres? Si su
respuesta es de los hombres, es evidente que durante los períodos críticos se
refugia en sus capacidades humanas o en la ayuda que le pueden ofrecer los
demás. (El pastor, los hermanos de la iglesia, familiares o amigos)
Crisis inevitables
Las crisis son inevitables
en la vida del cristiano. Unas más prolongadas que
otras, pero crisis al fin. La
Biblia relata que los discípulos atravesaban el
mar de Galilea:”Y la barca estaba en medio del mar,
azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigila de
la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole
andar sobre el mar, se turbaron diciendo:¡Un fantasma!
Y dieron voces de miedo”(Mateo 14:24-26).
Aquí encontramos prefigurada una situación difícil.
Tormentas por todas partes:
problemas que parecieran ahogarnos, a lo que se suma un
estado emocional que paraliza: el miedo.
Cuando llegamos a esta
fase, nos detenemos, no avanzamos. El panorama a
nuestro alrededor se torna gris, sin aparente salida. La clave, saber de quien dependes.
En medio de la
aterrorizante situación “...en seguida Jesús les habló,
diciendo:¡Tened
ánimo; yo soy, no temáis!”(versículo 27).
Hasta aquí todo marcha bien.
Pero observe
que inmediatamente entra en escena la semilla de incredulidad
que trata de dominar nuestras vidas y que debemos pedirle a
Dios, erradique
totalmente porque nos impide seguir adelante: “Entonces
respondió, y dijo:
Señor, si eres tu, manda que yo vaya a ti sobre las
aguas”(Versículo 28).
Léalo de nuevo: Es la
naturaleza del hombre, queriendo siempre señales, y
tentar a Dios. Es tanto como decirle: Dios, si eres tan poderoso, pruébame tu
poder haciendo esto o aquello. Y aunque no queramos admitirlo, esta situación
nos afecta a la mayoría de los cristianos.
¿Cómo saber si dependemos de otros y no de Dios?
Un sin número de cristianos
caminan en victoria: oran y reciben respuesta divina a sus peticiones; crecen
espiritualmente. Sin embargo, de un momento a otro inician un proceso de
estancamiento o retroceso.
Eso es
exactamente lo que ocurrió con el apóstol. “Y el dijo: ven. Y descendiendo Pedro de la
barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento,
tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo:¡Señor,
sálvanos!”(versículos 29,30).
Científicamente, Pedro
venció la ley de gravedad. Por fe, al amparo de Dios, comenzó a experimentar
milagros, lo que racionalmente no tiene explicación. Su gran error fue pensar
como el mundo. No de otra manera explica el
texto que Pedro “...al ver el fuerte viento, tuvo miedo...”.
Cuando miramos las
circunstancias, cuando dimensionamos los
problemas y nos guiamos por la razón, le damos la espalda a la fe y allí comienza nuestro fracaso.
Depositar nuestra confianza en las capacidades humanas o en
la ayuda que nos ofrecen quienes tienen poder o influencia, en lo que vemos, en
lo tangible nos aleja del Todopoderoso y firmamos nuestra propia derrota.
Dios, la verdadera fuente
de confianza.
Pedro comenzó a
hundirse. La duda, el temor y la razón, lo conducían
inevitablemente a la muerte, tanto física como espiritual.
Si usted está atravesando una situación similar
y reconocer que como Pedro depende más del hombre y de sus capacidades, le
invito para que al igual que el discípulo, vuelva su mirada al Señor.
“...y comenzando a hundirse, dio
voces, diciendo:¡Señor, sálvame!. Al momento, Jesús,
extendiendo la mano, asió de él, y le dijo:¡Hombre de
poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron a la barca, se calmó el
viento”(versículos30-32).
Conclusión: La vida del discípulo se
orientó por el camino correcto, cuando reconoció que sólo quienes confían en el
poder divino y no en el de los hombres, triunfan sobre las crisis y la
adversidad.
Seguir este glorioso Mensaje no es solo leer los
libros, sino tener la experiencia del Dios Todopoderoso.
Lo sobrenatural obrando en lo natural. Eso
ayudará en nuestra vida victoriosa. Nos ayudará a llegar a la meta. Nos pondrá
en la primera resurrección. Lo sobrenatural, lo sobrenatural. Es Dios El Señor
Jesucristo.
Nuestros hermanos mas allá de la cortina del
tiempo dijeron “en eso estamos confiando”, porque sabían que fue Dios quien
envió a William Branham para darnos las instrucciones
de cómo vencer y llegar a la meta. Siempre es Dios.
Johnny Gaytan
U.
Pastor